En una pequeña villa
sola cantaba la niña y
"de qué maravilla".
Su voz en el aire
invitaba a tal baile,
que todas las mariposas
se pusieron a escucharle.
También los niños, que
de la mano cogidos y
haciendo un corrillo,
a bailar se puso hasta
el más chiquitillo.
Puesta ya la tarde,
la niña siguió cantando
y la luna que la oyó,
salió a la plaza
contenta, redonda, rodando
y con todo su brillo...
iluminó:
"el centro del corrillo".
sola cantaba la niña y
"de qué maravilla".
Su voz en el aire
invitaba a tal baile,
que todas las mariposas
se pusieron a escucharle.
También los niños, que
de la mano cogidos y
haciendo un corrillo,
a bailar se puso hasta
el más chiquitillo.
Puesta ya la tarde,
la niña siguió cantando
y la luna que la oyó,
salió a la plaza
contenta, redonda, rodando
y con todo su brillo...
iluminó:
"el centro del corrillo".
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